El Hombre Sensible.

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Dedicado a aquellos que aún creen que mejorarse cada día tiene sentido.

El Hombre Sensible.

2015-06-10 00.06.28
Dibujo: Alejandro Serrano

La sensibilidad cambia el mundo. Esto lo aprendí un día en un museo mientras paseaba rodeado de cuadros impresionistas alrededor de las cinco de la tarde. El día de la semana en que ocurrió se deshace entre mis olvidos pero siempre recuerdo la hora en que ocurren las cosas. No sé ,me parece un bello simbolismo de la vida. Un minuto antes de cualquier cosa eres una persona, y un minuto después otra. Por eso recuerdo a aquellas personas que han venido a mi vida para hacerme alguien nuevo y mejor. En esta ocasión quién vino a mejorarme fue un tipo con aspecto de venido a menos que lloraba delante de un cuadro de Renoir en la primera planta. Me quedé perplejo. Lloraba a lágrima viva en el silencio opaco de la sala. Me produjo tanta curiosidad la historia que se escondía detrás de aquel llanto que decidí observarle antes de acercarme. Su pelo era largo y enredado y su barba parecía descuidada desde hace tiempo. Llevaba un pantalón vaquero desgastado, de esos que son tan cómodos y tan nuestros que cuestan tirarlos a la basura. Parece que con ellos se fuera una parte de nosotros. Una camisa abrochada hasta la altura del botón que permite que los pelos del pecho sobresalgan y unas zapatillas New Balance que eran tan nuevas que parecían un regalo recién estrenado. Le daban un toque curioso. Parecian el intento de alguien que quería acercarlo al mundo a través de una moda pasajera.
Dude unos instantes y por fin me acerqué:
-¿Se encuentra bien?
-La sensibilidad cambia el mundo.
-¿Perdone?
-La sensibilidad cambia el mundo.-Repitió.- Por eso estoy llorando. Estoy cambiando el mundo.
-¿Cómo?.-Seguía perplejo.
-Te acabas de acercar. Tienes curiosidad por saber que me ocurre y te estoy dando la respuesta que has venido a buscar.
-¿Lee el pensamiento?
-No, es previsible. Si fuese por cortesía tras mi primera respuesta te hubieses ido. Si fuera por morbo pensarías que estoy loco y también te hubieses marchado. Como sigues aquí veo que tienes algo de sensibilidad y que también quieres cambiar el mundo. ¿Quieres ver otro cuadro conmigo?- Me dijo mientras se limpiaba los mocos con un pañuelo restando importancia a las dos motas de sodio que aún serpenteaban por su mejilla.
Decidí acompañarle. Siempre me gustó hablar con desconocidos. Deambulamos por los pasillos y salas en silencio. Le seguía unos centímetros por detrás y a su derecha. No me sentía incómodo. Mucho menos él que miraba al frente con una sonrisa espiritual. Tenía la sensación de que buscaba un cuadro en concreto pero no iba fijandose en ninguno. Mi mente aprovechó ese silencio para repasar el día. Me levanté muy agobiado. La sensación era muy parecida a cuando te levantas de una siesta muy larga. Ese revuelto de estómago acompañado de ese sentir que se te escapa el tiempo, que nada cambia, que estás preso en tu propia jaula y esa frustración de verte a ti mismo en el espejo incapaz de hacer caso a los gritos de tus ojeras y a lo que el alma te pide. Me duché, me vestí y cuarenta minutos después entraba en la oficina y en ese clima polar que se da en los días de verano gracias al sistema “inteligente”. Desde mi puesto observé las caras de mis compañeros. Sólo veía quejas y vidas de mierda iguales a la mía. Con la gran diferencia: Yo era consciente y ellos no. Repasaba la parte en que me subo al autobús de vuelta y escucho lo mismo de todos los días. Esas frases del tipo “el día terminó, un día menos, no queda nada para el fin de semana, que coñazo de día, mañana más…” cuando de repente escuché:
-¿Qué ves aquí?
Lo primero que hice fue fijarme en el letrero para saber quién era el autor para así poder comentar algo sobre el cuadro y que no quedase al descubierto mi poco conocimiento sobre Pintura.
“La Danza. Henri Matisse. 1910. Óleo sobre lienzo. 260 x 389”
-Matisse era muy bueno. Es considerado como uno de los mejores.
-Si, pero qué ves.
-Una danza…están bailando de la mano.
-Muy bien. Y eso qué te transmite.
-No sé. Unidad. Fraternidad. Dicen los cuánticos y los espirituales que estamos todos unidos. – Añadí sin saber muy bien cómo.
. ¿y tú qué piensas de eso? ¿de qué te sirve saber eso si no sientes el cuadro?
– No lo sé. También veo que ha utilizado pocos colores.- Añadí en un intento de aportar algo.
-¿Para qué crees que sirve la información, el conocimiento?-Insistió.- de qué te sirve, por ejemplo, saber que el encuadre de este cuadro es muy innovador, que no es el marco el que se adapta a la escena sino al revés. Que son los personajes quienes agachan la cabeza para entrar en escena.
– No me había fijado…Quizá la información sirva para valorar más las cosas.
-Exacto. A eso quería llegar. El conocimiento nos da la posibilidad de entender mejor. De valorar más las cosas. Yo creo que la primera lección en el colegio debe ser esta. Antes de saber de cualquier cosa se debería aprender que la información sobre lo que sea, nos sirve para que apreciemos todo mucho más. Para que podamos valorar en su justa medida. Ya sea un cuadro, una canción, una pelicula, o a las personas…Pero volvamos a eso que decías de que todos estamos unidos. ¿Por qué crees que dicen eso?
– No lo sé… porque…¿ todos todos somos humanos?- comenté como el que contesta una pregunta tipo test al azar y por lógica.
-¿ y qué nos une?
– Pues…que somos de la misma especie.
-¿ Y qué más?
-Todos tienen un cuerpo y una mente. Hay hombres y mujeres pero todos pensamos, tenemos sentimientos…emociones…nos enamor…
-Exacto ¡emociones!-cortando mi discurso.- ¡Muy bien!.- Su cara se iluminó como un profesor que consigue que su alumno aprenda por si solo.
Se me escapó una sonrisa de satisfacción del que se gradúa y añadí:
-Si, todos tenemos emociones. Pero no tenemos los mismos problemas. Mis emociones no son la mismas que un agente de bolsa o que un pintor por ejemplo.
– Puede ser que los problemas no sean los mismos. La emoción que se siente puede que sea más acentuada o menos, pero es la misma. Y casi la sentimos en el mismo lugar en el pecho…Eso es lo que nos une. Todos sentimos Rabia, tristeza, alegría o miedo. Cuatro emociones para millones de situaciones y conflictos diferentes. No hay diferencia. No hay diferencia entre el gran Matisse y tú. Sois lo mismo. Un ser humano que siente. Y no siente algo diferente de esas emociones. Aunque el contexto sea diferente. Aunque el problema sea otro. Nos pasamos la vida intentando explicarnos, cayendo en la ilusión de la incomprensión. Pero solo con haber sentido es suficiente para saber que todos somos lo mismo y que padecemos la misma montaña de emociones surcando nuestra tripa, pecho y garganta como un río espeso. Y todos en mayor o menos medida intentamos aprender a sobrellevarlas. Volvamos al cuadro. ¿Qué te hace sentir? Si cierras la mente por un momento y hablas con lo que el corazón ¿Qué te dice el cuadro? Tomate tu tiempo.
Respiré hondo. Relaje los hombros, observé fijamente el cuadro. Cerré los ojos y comencé a transmitir lo que sentía sin juzgar si lo que decía estaba bien o mal. Si acertaba o no.
La danza
– Me veo en el personaje de abajo. En ese que toca la mano del de su izquierda pero sin entrelazarla. Veo que quiero unirme y dejar de ser el raro y el incomprendido y llenarme de unidad. No quiero sentirme solo. No quiero sentirme ni separado ni apartado. Veo que no hay diferencia con las mujeres. Que todos estamos desnudos y somos lo mismo aunque el físico indique lo contrario. Y no sabemos que ropa escoger pues lo desconocemos todo. Únicamente entendemos que estamos aquí experimentando…Emociones. Si emociones y vivencias y que viviéndolas en unidad se hacen más llevaderas. Veo representado ahí en esas manos que no se tocan, un miedo. Lo veo. Siento que esas manos pintadas están agarrotadas. Tienen miedo. Y veo que los otros sienten el mismo miedo pero sienten que no son los únicos. Y eso hace que puedan agarrarse a otras manos y unir el circulo. Ellos ya saben que están desnudos en este mundo igual que los demás pero conocen la unidad y nos invitan con su ejemplo. Me gustan los colores. El azul del cielo, el verde de la tierra y de las plantas que nos dan oxigeno y vida. Y el color tierra simbolizado en nosotros. Somos tierra. Seres terrenales que cabalgamos entre el azul del cielo y el verde que pisamos. De la tierra venimos y a la tierra vamos. Y entre medias existe un suspiro en el que cabe una vida entera y…-Abrí los ojos. Me quedé tan sorprendido de mi mismo, que ni me reconocí. Rompí a llorar. Había tanto de mí, de todos… en ese cuadro que me emocioné. Me parecía un cuadro increíble no, lo siguiente. No era el cuadro en sí; era todo lo que pude conocer de mí a través de esos colores y formas. Ojalá hubiera podido transmitir todo lo que paso por mi cabeza en palabras, aunque era suficiente con lo mentado.
Me saco cuatro clinex. Y me preguntó:
-¿Quieres utilizarlos todos?
Dudé al responder…intuí que era una pregunta trampa.
-Si. Pero ahora solo necesito uno.
El hombre sonrió muy placenteramente. Sabía que le había entendido. Aún quedaban más cosas por mostrarme. Me sugirió que le acompañara a una tienda de discos cerca de allí.
Aquel día hacía calor y me tentó la idea de sugerirle tomar una cerveza. Pero en realidad no me apetecia. En ocasiones uno se siente tan tranquilo y con tal calma, en mi caso después de llorar, que el alcohol se convierte como en un intruso en mi cuerpo y me pone algo nervioso. Así pues nuevamente continuamos por aquellos callejones sin pronunciar palabra hasta llegar a una pequeña tienda que hacía esquina. Me comentó antes de entrar que era de las últimas que quedaban en las que podías escuchar el material antes de comprarlo. Saludó al dependiente con una complicidad tal que daba por seguro que era cliente habitual.
– Elige una canción de un disco.-Me dijo sin pretender añadir nada más.

Di vueltas y vueltas hasta que una carátula se iluminó ante mis ojos. No sé, brillaba con otro matiz. Era como si no pudiera ser otra. Michael Kiwanuka, el artista. “Home Again”, el titulo.
Michael-Kiwanuka-Albumcover-Home-Again
Aparecia su rostro y una mirada perdida. Cabizbaja. Como sí mantuviera un dialogo interno en un momento nóstalgico. Como si nadara distraido en una tristeza que se disipa y una alegría que nace. Pulse el Play, me acomodé los cascos y me olvidé de todo menos de Ella. Veía su cara, su sonrisa. Escuchaba su voz dulce llena de caricias. Un escalofrío recorrio mi espalda seguido de otro. En cada acorde de guitarra y golpe de percusión era más consciente de lo mucho que ella me apreciaba. Y lo mucho que me hacia sentir en casa. En concreto en esa habitación en la que todo está bien y en la que uno quiere dar lo mejor de sí mismo. Y en la que a demás se ve una puerta hacia todo lo bonito que pueda venir. Sentí ganas de abrazarla, de besarla…de decirla que era muy importante para mí y que la quería mucho. Quería mostrar mi incapacidad para expresar todo el agradecimiento que sentía por haberla conocido. Mis ojos se llenaron hasta el borde. No quería que mis lágrimas cayeran por el barranco de mis ojeras. Quería que todo ese sentir se quedara dentro. Que indundara cada célula. Siempre pensé que en cada lágrima se disipa una emoción, ya sea alegre o triste para hacerla desaparecer, hasta convertirse en anécdota. En aquel momento quería guardarlo para mi. Para siempre. El sentir intenso de ese momento guardado en una lágrima no caida. Me resultaba tan poético. Nuevamente me sorprendí de mi mismo. Otra vez, sentía ese no sé qué que quizá el Hombre lo llamaba sensiblidad. Volví a poner la canción antes de que acabara. En aquel momento sentí unas ganas de vivir increibles. Era como si la vida estuviese en mí y la canción me gritara: “Puedes hacer todo lo que quieras. ¿A qué esperas? Vuela. Avanza. Todo estará bien” Uno a uno, en esos otros tres minutos, vinieron a mi todos los sueños que había estado cumpliendo agarrado de su mano sin darme cuenta, y también todos aquellos que di por perdidos. Que había guardado al fondo del cajón junto con los días que pasan como un mero trámite y las excusas. Tenía tanto por hacer…tanto por vivir…
Acabo la canción y volví en sí y a aquellas cuatro paredes repletas de música. Me giré y El hombre me mostraba una foto en su móvil.
Aparecia yo en la misma pose que el artista de la portada. La piel se me puso de gallina.
– ¿ Lo ves? Todos somos lo mismo. No hay diferencias entre el artista y tu. Os habeis encontrado. Muy posible por que el proceso en que él se encontraba grabando esa canción es el mismo que el tuyo en este momento. Y los dos os apoyais de alguna manera. Repartis la carga en dos. Por eso entre todos los discos, y todas las canciones, has elegido esa en concreto. No existen casualidades. La vida nos sostiene con una sabudría sublime.
La parte de “Born again. Born again”. Volvió a sonar en mi cabeza.
-¿Cómo te llamas?- No pude aguantar más para saberlo.
-¿para qué quieres saberlo?
-No sé…quizá escriba sobre tí.- Disimulé mi aprecio y agradecimiento.
– ¿Escribes?
-Escribía. Deje de hacerlo.
-Quizá pudieras concerderme el honor de llamarme el hombre sensible y ponerlo en el título. Y así aquel o aquella que lo lea, no sepa diferenciar quien es el hombre sensible, si tú o yo.
Sonreí. Ël tipo era muy inteligente. Sus respuestas venían con inspiración y frescura de altos vuelos.
-¿Cual es la siguiente parada?- pregunté- ¿un cine? ¿un teatro?
-No hay más paradas. El primer pañuelo ya lo usaste, el segundo no quisiste pero lo necesitastes. Los otros dos los utlizarás pero yo no estaré ahí. Pero te propongo algo. Escribe la historia del hombre sensible. Y si lo consigues habrás gastado el tercero. Y el último nunca lo útilices. Siempre está bien dejar algo pendiente. Eso como decirle a la vida o a la muerte que aún te quedan cosas por hacer.
-¿No nos volveremos a ver?- Pregunté sin dejar que respondiera.- Muchas gracias. Quizá no sepa explicar lo que me has hecho recordar…, pero ha sido gracias a ti y por eso quiero agradecerte de corazón que hayas querido compartir este tiempo conmigo.
-No sé si nos veremos. ¿A caso importa? Ahora conoces la sensibilidad, o la has recordado. Hemos cambiado nuestro mundo. Por tanto…hemos cambiado el mundo. Quién sabe. Quizá sea yo quien te agradezca después de leer tu libro.
-Pero si no sabes mi nombre. Y no sabes si escribiré o no.
-Correcto. Pero tienes sensibilidad y esa es una cualidad innata de los soñadores. Escribirás. Seguro. Todo cae por su propio peso y el tiempo lo cuadra. Y además escasea entre las letras, la pintura, el cine o la música algo de sensibilidad y ganas de soñar.. Últimamente esta todo muy enlatado y solo se habla de lo mal que están las cosas. Se necesita aire fresco. No olvides, que cada cosa que vibra con uno, llega. Siempre llega. Así que no te preocupes que te leeré. Tu solo se lo que debas ser. La vida te sostiene y te empuja.
Esas fueron las últimas palabras que le escuché. La vida te sostiene y te empuja. Me dio un abrazo, me sonrió y se fue con ese gesto particular de mirada al frente y sonrisa espiritual. Le deseé por dentro todo lo mejor. Pero me negué guritarselo en aquel momento. Partí por invercia en dirección contraria camino a la renfe.
Al llegar a casa  no hice nada especial. Tampoco recapacité mucho sobre mi encuentro. Me sentía cansado y alegre a la vez y decidí dormirme pronto.

Ahora, que ya ha pasado el tiempo, no dudo en que todo fue diferente desde entonces. Disfruto más de la música, incluso invento historias sobre como llegó a componerse una canción y las vidas de los músicos, veo el arte y me permito conocerme más a mi mismo, veo en lo que me rodea una unión indescriptible, incluso levemente percibo como la vida va cuadrando las situaciones para que mejoremos como personas. Disfruto de los colores. Y no paso más de una semana sin ir a visitar un parque lleno de flores. No pasa un mes sin que haga algo nuevo o enfrente a un miedo. Sigo hablando con desconocidos, pero sobretodo me entero por saber como están y que sienten los mios. Sorprendo con “ te quieros” a deshoras, Me ocupo de los problemas de los demás dandoles mi apoyo y no consejos lapidarios sobre lo que tienen que hacer. Estoy escribiendo un libro que no sé cuando acabaré. Y podría contaros muchas cosas más. Lo único que se es que escucho últimamente escucho a mis ojeras. Tienen tanto que decirnos que se podría escribir un relato como este para recordar. En fin. Son las 18:00 de la tarde. Mañana a estas horas abrazaré con todas mis fuerzas a alguién. Y seguro despues de eso no seré el mismo. Quizá llore. Quizá cambie el mundo. Qué más puedo pedir.

Fin.

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Alejandro Serrano Antequera

Acerca de Alejandro Serrano Antequera

Joven creador insaciable, envuelto en un halo místico y gran aficionado al humor negro y el surrealismo,

2 thoughts on “El Hombre Sensible.

  1. Sin duda, hay personas que cambian tu forma de pensar, de sentir y de mirar. El proceso, ese proceso que relatas, no me es desconocido…. Un día, te contaré una historia….

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